Sociedad

«La felicidad no tiene que ver con la alegría, sino con la serenidad»

El psicoterapeuta y escritor argentino Jorge Bucay volvió al Teatro Circo de Orihuela gracias a la ONG Recicla Alicante. Recién llegado de México, donde participa en un programa humano contra la droga. Bucay abordó el tema de las emociones ante casi un millar de personas.
Pregunta. ¿Cuál es la mejor definición que haría de Jorge Bucay?
Soy un ayudador profesional. No trabajo como médico hace mucho, solo me dedico a intentar ayudar a la gente a que se ayude a sí misma. He aprendido a hacerlo y eso hace que mi carrera sea docente.
¿Se siente reconfortado cuando presta esa ayuda?
Lo que me siento es agradecido, más que reconfortado. Me da mucha gratitud que alguien me deje ayudarle.
¿Qué tienen de especial los cuentos para que juegue tanto con ellos?
Tienen de especial que forman parte de mi vida. Mis cuatro abuelos eran inmigrantes que llegaron desde Oriente y todos contaban cuentos en mi infancia. Así aprendí el valor y la fuerza que tienen estas historias, que permite verte reflejado además de saber encarar las cosas emulando la solución que el cuento plantea.
¿Cómo definiría a una persona emocionalmente sana?
La salud extrema y absoluta posiblemente no exista, pero ¿quien la necesita? Freud decía «si a mi consulta llegara un paciente absolutamente normal, mi tarea debería ser neurotizarlo un poco para que pueda vivir adaptado». No necesitamos ser absolutamente normales pero si necesitamos ser emocionalmente sanos y congruentes. Emocionalmente sano quiere decir que yo se cuales son mis emociones, se lo que siento y me hago dueño de esas emociones, sin echarle la culpa a nadie de lo que siento. No controlo mis emociones pero sí controlo lo que hago con ellas todo el tiempo.
¿Se puede ser feliz en una sociedad como ésta que en ocasiones nos agobia por lo rápida que va?
Claro que sí. La felicidad no requiere de lentitud ni de ninguna condición que no sea algo que nosotros podemos hacer con nuestra vida y con nuestros hechos. Me parece que todo depende de cómo uno defina la felicidad. Cada vez que subo a un escenario digo lo mismo: la felicidad no tiene que ver con la alegría, tiene que ver con la serenidad, que es otra cosa. Creo que se puede y se debe estar sereno en una sociedad acelerada y es parte del gran desafio.
¿Hemos perdido valores en estos años de crisis?
No creo que se hayan perdido, sino que se han cambiado. De alguna manera hay un cuestionamiento de unos valores. Las quejas estuvieron siempre en cualquier sociedad. Cicerón decía «los hijos ya no obedecen a los padres». En 1860 ya se decía que si la sociedad sigue así, la pérdida de valores va a ser brutal y el mundo se va a destruir. A comienzos de 1.900 se decía que era el final de los tiempos, que no habría futuro y no se llegaría al siglo XXI. Siempre nos ha gustado hacernos las víctimas de todo lo que padecemos. Esta sociedad tiene sus dificultades, distintas a las de antes, pero ni mejores ni peores. Ni van a ser peores ni mejores de las que vendrán. Lo que hace falta es dejar de quejarnos, porque también en esta sociedad nos han tocado muchas maravillas, como los libros, internet, los medios de comunicación, la ciencia, vivir 80 años y muchas cosas buenas que deberíamos agradecer, en lugar de lamentarnos de las cosas malas que han venido con las buenas.
¿Qué recomendaría para fortalecer nuestra autoestima?
Mi única recomendación es que no hagamos cosas para violarla. Nuestra autoestima es un hecho natural. La educación nos ha trastocado, pero cada uno sabe lo que es imprescindible para si mismo. Tú no puedes vivir sin ti. Entonces ¿cómo no puedes valorarte, quererte, cuidarte y ocuparte de las cosas que son buenas para ti para salir adelante?
¿Se ha quedado sin dar una respuesta positiva a alguien?
Muchas veces no he sabido lo que decir. Una paciente me dijo «mi hijo ha muerto ahogado en la piscina de mi casa», y no pude decir nada.
¿Hay algo que no le guste tratar?
Puedo hablar de casi cualquier cosa, pero hay temas muy ligados a mis emociones y que comparto solo con aquellos a los que amo. Tampoco hablo de política.

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