OpiniónOrihuela

Iglesia de San Agustín: Propuesta para convertir en oportunidad lo que hoy es una penalidad

Por Francisco José Vegara Cerezo, sacerdote y licenciado en Historia del Arte

Llevo más de año y medio planteando en privado la realización de una exposición artística en Orihuela, al estilo de la tan espectacular del año 2003, y precisamente el momento, que pretende aprovechar una efemérides épica: el quinto centenario del fin de la guerra de las Germanías, coincide con el vigésimo aniversario de aquélla en 2023, así que, ahora que estamos tan cerca, y que además el asunto puede venir como anillo al dedo, en cuanto poderoso revulsivo y dinamizador de sectores tan castigados por esta crisis, como son el hostelero, el comercial y el turístico en general, deseo hacer pública la propuesta, para que sea la misma sociedad civil la que reclame a los políticos una medida que a todos nos vendría como agua de mayo.

La mejor manera de sobreponerse a la adversidad es vencer el miedo inmediato que ésta nos produce, y dejarse espolear por la ilusión de un proyecto que logre aglutinar nuestras mejores energías, que son justo las que nos legaron nuestros mayores; por eso veo que el pasado y el futuro pueden muy bien darse aquí la mano, para sacarnos del hoyo presente; para ello únicamente tenemos que aprender las lecciones de coraje y valentía del pasado, para proyectarlas sobre un futuro prometedor, que así lo será, si sabemos hacer honor a la historia de nuestra heroica Orihuela, y mostrarnos como sus dignos continuadores.

¿Cómo es posible que una ciudad tan cargada de historia, como pregona su titulación de muy noble, leal y siempre fiel, y como manifiesta su riquísimo patrimonio artístico, se halle ahora tan penosamente languideciente?;

¿acaso habrá que reconocer que las gloriosas aguas de otrora ya no son capaces de mover los actuales y derruidos molinos?: pues precisamente éste es el caso en que el banco de la historia puede proporcionarnos los más pingües réditos, con sólo que tomemos conciencia de las ingentes riquezas que desde siglos ahí tenemos acumuladas, y pongamos lo que a nosotros nos toca: la conservación y puesta en valor de esos tesoros, que serán la mejor herencia, no sólo material sino también espiritual, que podremos dejar a las generaciones venideras.

Un caso muy especial: una auténtica joya invalorable, es el de la iglesia de San Agustín: el templo de mayor amplitud, con la primera cúpula y la tercera torre, de la ciudad; ahí tendríamos la madreperla más exquisita para albergar la exposición, y su rehabilitación sería la más rentable inversión, que nos devolvería repristinado un monumento que hoy es la viva imagen, aunque sea lamentable, de Orihuela, y nos permitiría colocar a nuestra amada ciudad como lo que por su historia y patrimonio debe ser: uno de los principales centros turísticos de todo el Levante español.

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