OpiniónOrihuela

Desbloquear Orihuela

Carlos Bernabé Martínez- Concejal de Cambiemos Orihuela

Si aceptamos que la política transformadora nunca opera en escenarios perfectos o exentos de contradicciones, pueden adivinarse con cierta facilidad las razones por las que, con todos sus límites y riesgos, la moción de censura presentada en el Ayuntamiento de Orihuela es, quizá, la mejor decisión política para el municipio en general y para el espacio progresista y transformador en particular.

Los problemas del Gobierno Local de PP y C’s pueden dividirse en dos grandes ejes. Por un lado, los perjuicios para Orihuela derivados de la matriz ideológica dominante en el Gobierno Local. Un Gobierno instalado en el negacionismo climático, la ausencia total de políticas de protección social adecuadas al contexto, el continuismo con un modelo urbanístico tan insostenible como injusto, o la primacía del beneficio privado de grandes empresas y adjudicatarias por encima de la eficacia de los servicios y/o el bienestar de sus trabajadores. 

Por otra parte, Orihuela también sufre graves problemas que no se derivan tanto (o sólo) del marco ideológico del Gobierno, sino de su absoluta incapacidad de gestión, singularmente del alcalde. Un Ayuntamiento incapaz de aprobar presupuestos durante casi 4 años; en el que se pudren o ralentizan contratos públicos con una facilidad pasmosa; se bloquean tramitaciones básicas para vecinas y vecinos o se condiciona buena parte de la dinámica institucional no por diferencias políticas o económicas sustantivas, sino por cuitas personales y colisiones entre los partidos de gobierno que poco o nada tienen que ver con el interés del municipio.

Frente a esta situación, Cambiemos Orihuela no se ha movido demasiado de su tesis de estos años: asumimos que nuestro espacio no se encuentra en disposición de obtener una mayoría amplia en este ciclo y que, por tanto, debemos buscar acuerdos, especialmente con el PSOE. Por eso hubo una moción de censura conjunta entre ambas fuerzas en 2018 (que C’s rechazó apoyar) y por eso también se alcanzó un acuerdo de mínimos en 2019 para dar apoyo a la investidura de la candidata socialista (que no fructificó, de nuevo, por la falta de apoyo de C’s).

Es evidente que la presente moción de censura no resuelve —ni puede aspirar a hacerlo dada la realidad electoral— totalmente ambos problemas, pero sí desbloquea una parte de ellos. Respecto al ámbito más “político-ideológico”, un Gobierno PSOE-C’s se sigue alejando, mucho, de aquello a lo que aspira Cambiemos Orihuela. Sin embargo, el hecho de que la alcaldía recaiga en el espacio progresista y nuestro grupo se convierta en una pieza clave para la viabilidad del gobierno, la aprobación de presupuestos y otros asuntos dependientes del Pleno, abre una clara ventana de oportunidad para desplegar políticas y medidas que, hasta ahora, eran inconcebibles en Orihuela.

Obviamente, en otras cuestiones se impondrá el continuismo y C’s mantendrá su agenda política  (muy similar a la del PP y que, por otra parte, lleva años desplegando). Pero este escenario no cancela la discusión política ni la autonomía de los grupos implicados en este acuerdo para mantener nuestras discrepancias o fiscalizar al Gobierno. De hecho, de consumarse esta moción, C’s no tendrá un poder que no haya tenido ya, en mayor o menor grado, durante buena parte de los últimos siete (¿o quizá once?) años. Pero esta vez en un escenario de ruptura explícita con el PP, la imposibilidad de reutilizar la carta de la moción de censura (sólo hay una por legislatura) y con relevancia y conciencia estratégica del espacio transformador que representa Cambiemos. E, insisto en la “conciencia”, porque este movimiento lo entendemos como algo oportuno y responsable, no como una maravilla. Por eso no queremos cometer la trampa o error de venderlo como una épica del gran cambio que conjurará de una vez y por todas los males del municipio (otros vendieron más con un escenario parecido).

Por eso resultan tan absurdas las críticas que plantean que la posición de C’s invalida el pacto. Lo cierto es que un partido que ya estaba en el poder (7 largos años y, por cierto, apoyándose mutuamente con el PP en la mayoría de grandes decisiones, por lo que no estarían tan mal con Bascuñana) lo seguirá estando pero bajo una alcaldía socialista que está obligada a ser sensible a propuestas tradicionalmente arrinconadas.

Además, conviene tener presente que Orihuela no es una isla ajena a las dinámicas políticas estatales y europeas. Al contrario, es tremendamente difícil marcar tendencia y agenda local cuando el contexto español opera en un sentido muy marcado. Por ello, en el marco de una recomposición de sectores extremistas, una cierta oleada reaccionaria y un PP cada vez más escorado a la extrema derecha, corremos el riesgo de que, de nuevo, las derechas hagan de nuestra comarca un búnker reaccionario y un feudo del odio.

Creo que un contexto así justifica una decisión que, con sus muchas limitaciones y contradicciones, abre la oportunidad para un escenario mejor en el futuro próximo. Una buena prueba de ello esté, quizá, en las falsedades y ataques que sectores de la derecha más señorial ya están lanzando contra algunos de nosotros. Porque, parece ser, hay fuerzas transformadoras que sólo “caemos bien” en la medida en que nos arrinconemos en posiciones estériles y renunciemos a intervenir materialmente en las dinámicas de poder local.

La política transformadora se disputa en esa estrecha —estrechísima en lugares como Orihuela— línea que separa el abismo de un utopismo estéril (cómodo en la denuncia, reacio a las decisiones) del abismo de un pragmatismo que acaba por desnortarse. No nos llamamos a engaño: el cambio de gobierno propuesto no es épico, ni dibuja el Ayuntamiento al que aspiramos, como tampoco está exento de riesgos y contradicciones (ningún proceso político que valga la pena lo está). Pero sí plantea la posibilidad de desplegar medidas (humildes pero necesarias) para cuidar el municipio, revigorizar y revalorizar la discusión política y reilusionar a una parte de Orihuela ya resignada. No es gran cosa, pero es mucho, muchísimo más de lo que teníamos. 

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